NACIÓN, NACIONALIDAD Y CRISIS DEL PATRIOTISMO EN ALBERTO LAMAR SCHWEYER
NATION, NATIONALITY AND CRISIS OF THE PATRIOTISM IN ALBERTO LAMAR SCHWEYER
Leidiedis Góngora-Cruz1
E-mail: lgongora@fh.uho.edu.cu
ORCID: https://orcid.org/0000-0002-5870-1606
Alejandro Torres-Gómez de Cádiz-Hernández1
E-mail: atorres@.uho.edu.cu
ORCID: https://orcid.org/0000-0003-1543-4883
1 Universidad de Holguín. Cuba.
RESUMEN
El presente trabajo propone una aproximación al estudio de la figura de Alberto Lamar Schweyer a partir del análisis de su libro la Crisis de Patriotismo de 1929, dentro en el contexto de la década de los años veinte. Teniendo como punto de partida que su obra es prácticamente desconocida y precisamente en su libro Lamar fundamenta con argumentos teóricos la existencia de una crisis del patriotismo en la Historia de Cuba y esencialmente en la República neocolonial, a partir de análisis de conceptos como: patria, patriotismo, nación, nacionalidad, carácter nacional, socialidad, tradición nacional, democracia, inmigración, emigración, dictadura, conciencia nacional, autonomismo, separatismo, anexionismo. El trabajo es un primer acercamiento e interpretación a las concepciones, que expone en cada uno de estos elementos como expresión de esta crisis.
Palabras clave:
Nación, nacionalidad, patriotismo.
ABSTRACT
The present work proposes a closeness to the study of the Alberto Lamar Schweyer figure as of the analysis of your book the crisis of patriotism of 1929., inside in the context of the decade of the twenties. By having as starting point that your work is practically unknown and precisely in your Lamar book lays the foundations of with theoretical arguments the existence of a crisis of the patriotism in the history of Cuba and essentially in the neo-colonial republic, as of analysis of concepts as: fatherland, national patriotism, nation, nationality, character, socialidads, national tradition, democracy, immigration, emigration, dictatorship, increases awareness national, autonomismo, separatism, annexationism. The work is a first approach and performance to the conceptions, that exposes in everyone of these elements as expression of this crisis.
Keywords:
Nation, nationality, patriotism.
INTRODUCCIÓN
Variados son los enfoques y debates en torno a los años veinte del pasado siglo, que parten del análisis de las insuficiencias, problemas, contradicciones, de la economía nacional, la capacidad de los gobiernos para reorganizarla y el agotamiento del modelo instaurado. Con la llegada al poder de Gerardo Marchado y su lucha por lograr la reforma constitucional y la prórroga de poderes, pone al país ante la encrucijada del establecimiento de una dictadura o una falsa democracia.
En el análisis de las primeras décadas del siglo XX, se investigan los contenidos relacionados con el proceso social, político y económico de carácter deformado: el estatus burgués, sus gobiernos y la exigua garantía de la política definida; su influjo en la nulidad del carácter democrático y la frustración de los proyectos de alcance popular, por mediar intereses foráneos.
En los años veinte, los problemas del sistema no habían encontrado solución. La intelectualidad estaba inmersa en los debates de la sociedad y se reincorpora a la construcción de lo cubano. El modelo republicano burgués acentuó la corrupción y las fallas del sistema democrático burgués, cuando se arrojan, al abismo de la dictadura. Esto condiciona que el sector intelectual buscara una alternativa para abrirse a la modernidad del siglo XX, en un momento, donde la cultura tiene un fuerte componente político de avanzada, debido a los acontecimientos que se sucedían en el mundo, amén de la realidad interna del país.
Los investigadores, Pablo Guadarrama y Miguel Rojas, en el texto Pensamiento Filosófico en Cuba en el siglo XX, realizan un acercamiento al pensamiento filosófico de Alberto Lamar. Dedican un epígrafe a “El subjetivismo y el nietzscheanismo en Alberto Lamar” abordan algunos elementos de su pensamiento filosófico, este artículo que nos sirve como guía para acercarnos a los presupuestos teóricos fundamentales de su pensamiento, no obstante, establecen que la ensayística filosófica- literaria y política de Lamar marcan una involución, que van desde exponer los valores culturales de Cuba e integración al grupo minorista, hasta el idealismo irracionalista de la filosofía de la vida y el reaccionismo apologético de las tiranías en Cuba y América Latina. Desde la perspectiva política, podemos cuestionarle a Lamar sus concepciones y posición ante determinados procesos históricos, pero sus concepciones sobre nación, nacionalidad y patriotismo merece ser estudiada, aspecto que los autores no trabajan en su libro y deja una brecha epistemológica para futuras investigaciones.
Insertar aquí a la figura de Alberto Lamar Schweyer, engloba la perspectiva del período, pues no se ha profundizado en esta figura, como parte importante del pensamiento socio filosófico cubano. Las investigaciones que abordan la temática, no centran su atención en el cambio de mentalidad y en posiciones política que involucra la figura objeto de estudio.
Se definió como objetivo: Revelar las concepciones sobre nación, nacionalidad y patriotismo en el pensamiento de Alberto Lamar Schweyer.
METODOLOGÍA
En el ensayo se aplicó el análisis crítico de fuentes para la revisión bibliográfica, en el proceso de selección, recopilación e interpretación de la información, con la intención de precisar la naturaleza, intereses, y la trascendencia real de la documentación.
DESARROLLO
En su devenir histórico, los elementos esenciales del pensamiento cubano se han nutrido de un importante componente polémico. La República Neocolonial hereda esta tradición desde su propia instauración. Los debates en torno a los temas relacionados con los problemas de la cultura cubana desempeñan un papel primordial en las dos primeras décadas, no obstante, tienen su mayor clímax en la década crítica, período cualitativamente superior, pues el tema cubano constituía centro de discusiones.
En la historia de Cuba republicana se ha presentado la década del veinte como una época cargada de contradicciones y problemas sin resolver. Unos, que heredamos de las relaciones coloniales y otros surgidos de la instauración de una República mediatizada, marcada por la dependencia neocolonial a los Estados Unidos y el sentimiento de frustración nacional. Una de los pensadores cubanos que se destacó en este período fue Alberto Lamar Schweyer, quien a pesar de tener una respetable y diversa obre literario, es poco conocida y divulgada, considerado además como una de las figuras más reaccionarias de la República. La situación nacional se hizo más difícil a lo largo de los años. Un lapso de constante ahondamiento de la dependencia impidió la libre acción de sectores nacionalistas, a favor de programas de desarrollo para el país.
Alberto Lamar Schweyer nació el 6 de julio de 1902, según Cairo (1978), en su libro El grupo minorista y su tiempo. Cursó la enseñanza primaria en las Escuelas Pías de Camagüey y el Bachillerato en el colegio La Salle y la Academia Casado. Su vida universitaria comenzó al matricular las carreras de derecho, filosofía y letras que dejó para dedicarse al periodismo. Las opiniones de los investigadores sobre esta figura son diversa: Muchos lo han considerado como un intelectual mediocre y otros, uno de los intelectuales más fascinantes de la historia latinoamericana.
En el año 1918, ingresó a la redacción del Heraldo de Cuba y en el período que va desde 1923 a 1924, estuvo en la de El Sol, conocido periódico comprado por Gerardo Machado para la propaganda electoral. Cuando Machado obtiene el Heraldo de Cuba vuelve a trabajar en su redacción hasta 1933, fecha en la que debe exiliarse, pues se encontraba muy ligado a la dictadura y se retira hacia Francia.
Incluso en Cuba, a pesar de una opinión generalmente negativa, él se ha reconocido ahora como uno de los autores conservadores de más relevancia. A fines de la década del treinta retorna del exilio, a su regreso dirigió el periódico El País hasta su muerte el 12 de agosto de 1942 en la Habana. En síntesis apretada hemos señalado algunos datos de aquel que fue el ideólogo del machadato.
Por consiguiente, su pensamiento político, teniendo en cuenta el contexto histórico en el cual se desarrolló, se considera como una inspiración potencial por el pensamiento conservador cubano, de la parte de la comunidad cubano-americana.
Fue representante de la vanguardia literaria, esa que vendría abrirse paso en la década del veinte y porque no decirlo, formó parte de la vanguardia política, de esa generación, que impulsaba el cambio en el país, pero hoy su pensamiento es uno de los referentes teóricos del conservadurismo en Cuba.
No existe por el momento un estudio integrador sobre el pensamiento y concepciones políticas, filosóficas de Lamar, sin embargo, existe referencia a su producción literaria, aunque esta carece de un análisis. Apenas vivió 40 años y antes de formar parte del Grupo Minorista, entre los 17 y 20 años, ya había escrito tres libros de ensayo, considerados textos importantes de la cultura cubana, merecieron elogios por parte de Enrique José Varona, Max Henríquez Ureña y Rafael Montoro.
En el año 1919 dictó una Conferencia sobre Amado Nervo y en 1920 sobre René López, estos textos que aparecieron en breves folletos, después fueron incluidos en Los Contemporáneos y en Las Rutas Paralelas.
Muy joven inicia su producción literaria Alberto Lamar, en la Revista Social y el Fígaro, entre 1921- 1929. Su trabajo como publicista se enriqueció además con sus publicaciones en las páginas de Cuba Contemporánea, El mundo y Smart, de esta fue jefe de redacción.
Desde el punto de vista literario cultivó el ensayo, la novela y la filosofía, aspecto poco comprendido en su vida intelectual y a pesar de la crítica recibida: “Fue la pluma más inteligente y culta de su promoción y, con todo, no logró zafarse de los grillos que se había impuesto” (Pogoloti,1958, p. 121). Fue representante de la vanguardia literaria, esa que vendría abrirse paso en la década del veinte y porque no decirlo, formó parte de la vanguardia política, de esa generación, que impulsaba el cambio en el país, ¿Qué pasó? ¿Por qué entonces cambió de Frente?
No obstante a la crítica que ha recibido “Lamar Schweyer dista mucho de ser un escritor inculto” (Pogoloti,1958, p. 208). Al realizar la lectura de algunas de sus obras, nos muestra conocimiento de procesos, hechos y una vasta cultura política, filosófica, siendo capaz, a pesar de la temprana edad con la que comenzó a escribir, de formar parte del contexto de la intelectualidad del período.
La recepción de la figura de Alberto Lamar Schweyer es muy polémica por sus lazos con el dictador Gerardo Machado, visión que empeoró a partir de la Revolución de los treinta, al predominar la opinión de figuras como Emilio Roig de Leuchsenring y Alejo Carpentier que lo vieron como el traidor del grupo minorista (Carpentier, 1987).
Según Carpentier (1987), Lamar fue el traidor del minorismo por la posición que asumió y su adhesión a la dictadura. “Y había un traidor, el único traidor en el grupo, que se fue resueltamente con Machado cuando se afirmó el horror de la tiranía machadista; fue Alberto Lamar Schweyer… Pero, en fin, él escogería su camino y sería fiel a una falsa vocación”. (p. 124)
Es preciso realizar un estudio riguroso de esta figura y su obra, para entender por qué asume estas posiciones, que para muchos resultan contradictorias. Su papel fue considerado con las posiciones de discrepancia con respecto a las progresivas de sus contemporáneos.
Los Contemporáneos, un libro de ensayos de la literatura cubana del siglo XX; es una obra de crítica literaria: “Lamar es crítico, tiene una concepción del arte, de la belleza, va adquiriendo cultura. Solo le falta ser un literato acaso por ser muy joven no ha logrado formar su estilo, no expresa sus ideas un lenguaje bello, con suficiente corrección gramatical. Y eso es muy importante en una obra de crítica”. (Gay Calbó,1921, p. 84)
Lamar no se limita a exponer la producción de los poetas Acosta, la Villa, Sánchez, Ibarzábal, Baéz. También critica y lo hace con acierto, con justicia. Los estudios de los poetas mencionados son precedidos por un interesante ensayo sobre la evolución del modernismo, siendo esa una revisión útil y necesaria, una ojeada al período de luchas literarias entabladas para imponer los ideales de la vida en la literatura.
Las Rutas paralelas de 1922, tiene 12 ensayos, aunque consideramos que los más logrados son los titulados“Amado Nervo y“Anatole France. Este libro propició el debate entre diferentes intelectuales.
Realmente, impresiona la claridad y coherencia en las ideas de Lamar y la fuerza con la que enfrenta a la crítica que se le realiza a su libro, demuestra que la juventud no es prueba alguna de inconsistencia, sino la carencia de ecuanimidad, de talento, de tolerancia y comprensión. “Las rutas paralelas son el camino del corazón y del cerebro. Siempre marchando en la misma dirección, siempre evolucionando en el mismo sentido, cambiando al unísono, pero llevando rutas paralelas Nuestro sentimentalismo y nuestra reflexión, no se unen nunca”. (Lamar,1921, p. 2)
En la obra señala dos rutas: la reflexión y el sentimiento, las que analiza de forma paralela, muestra diversas inquietudes, esperanzas, sentimentalismo. El libro merece la atención por lo que dice en sus diferentes ensayos, no porque asombre que un escritor tan joven toque temas tan sensibles como este. Lamar realizó una crítica que según Enrique Gay Calbó no era realizada entre los intelectuales de ese período.
Prefirió hacer la función de crítico, en una edad donde se vacila, se duda sobre el camino a seguir, aunque entre sus líneas da por sentado que sus ideas durarán por años, no serán sometidas a críticas, esto constituye una muestra su temperamento juvenil. Es en este libro donde la curiosidad del autor lleva al lector a descubrir cómo las manifestaciones del espíritu son mucho más profundas de lo que imaginamos, además la función de crítico puede ser un catalizador en la producción literaria.
Otra de sus obras La palabra de Zaratustra. Nietzsche y su influencia en el espíritu latino (1923), con prólogo de Max Henríquez Ureña. Libro en el que se advierte su identificación con el filósofo alemán, especialmente en su tono excéptico y elitista. El libro está estructurado en varias partes: La Palabra de Zaratustra; la guerra, Triunfo de Nietzsche; hacia el superhombre y la cristalización del poema.
A pesar de asumir la ética de Nietzsche, le realiza una crítica, denominándolo el filósofo del egoísmo, con su teoría sobre la imposición de la personalidad y el triunfo del “yo” sobre el resto de las cosas.
Es considerado uno de los primeros estudios sistematizados de Nietzsche hecho por el pensamiento cubano. No podemos obviar que el año 1923 para Lamar significó su vínculo con el minorismo, o sea, representaba uno de los grupos más progresista de la intelectualidad cubana hasta el momento. ¿Es acaso el mismo Lamar que nos presenta Biología de la Democracia? No, en sus obras se da un proceso de definición, que va desde las posiciones progresistas del minorismo hasta la defensa y justificación de las dictaduras.
Uno de los elementos que consideramos más aporta a nuestra investigación, es el enfoque sobre la democracia que aborda Lamar: “La democracia representada en este caso por los pueblos latinos, sufre una crisis, tal vez un fracaso que viene a cerrar un ciclo evolutivo. Esta crisis y el consiguiente eclipse del liberalismo, era toda una fatalidad sociológica, una consecuencia inevitable de la situación anormal”. (Lamar, 1923, p. 60)
Desde esta fecha tan temprana (1923) ya sostiene la tesis sobre el fracaso de la democracia como consecuencia de la guerra. Destaca la decadencia de la democracia, pero aún no ha elaborado la solución, que será la tesis central del libro que escribe en 1927: la dictadura, que lo conduce, sobre una base positivista y nietzscheana, a justificarla.
Proclama El Fracaso de la Democracia” y lo argumenta con un número de dictadores. De que la democracia se haya visto afectada con la guerra, eso no es discutible, sino que Lamar no cree que la democracia sea viable, declara su fracaso como sistema político y eso lo conduce a justificar las dictaduras como necesarias. Esta tesis que, comienza a esbozar, forma los argumentos teóricos que en 1927 utilizará a fondo.
Para él, el fracaso de la democracia explica las transformaciones sociológicas, no solo se aclara la muerte de la democracia, sino que ella abre la era del superhombre, pues este debía desarrollarse en este medio.
Reconocido como una expresión de su generación, se introdujo en zonas polémicas o demasiado sensibles de la cultura como las relacionadas con la raza y la migración en la República Neocolonial, a las cuales dedicó otros dos libros: Biología de la democracia (1927) y La Crisis del Patriotismo (1929).
La primera cooperación de Lamar con el presidente Gerardo Machado, se remontaba el año 1924, cuando el último había adquirido el periódico "El Sol" para apoyar su campaña presidencial, Lamar el director periódico, escribió diez artículos. Sin embargo, sólo en 1927 cuando entró en conflicto con los Minoristas y rompió con ellos.
Período donde las polémicas que se dan en torno a la cultura, van a ser la expresión de los diferentes criterios económicos, políticos, filosóficos y sociales de la intelectualidad cubana. Es, en este marco de crisis, de renovación artística, filosófica y toma de conciencia social, donde se desarrolla la controversia entre Alberto Lamar Schweyer-Roberto Agramonte y Pichardo.
La cual revela esta diversidad de ideales y ha sido analizada como la expresión de las contradicciones dentro del minorismo, sin profundizar en sus implicaciones políticas y culturales.
En su libro La Crisis del Patriotismo: Una teoría de las inmigraciones, de 1929. “El autor tenía una visión de pasado, sin duda, pero no de futuro. Escribía en un medio de un clima de efervescencia intelectual y política que culminaría un año después en el inicio de la lucha frontal contra la dictadura de Machado” (Fornet, 2009, p 29). Es una obra que no contiene dogmas, aunque muchos críticos, asumieran el hecho de descubrir en sus páginas un pesimismo desolador, el dogma austero y temible de nuestra liquidación como nacionalidad.
La crisis de Patriotismo constituye la búsqueda a la raíz de un problema y tiende a exponer un grupo de experiencias y de realidades con las cuales se puede ya crear una teoría sobre las inmigraciones. Lo demás que contiene aun cuando más de una vez pudiera parecer primordial, constituirá siempre un argumento de respaldo a su tesis. No es un libro de política, Presenta el problema de la afluencia de españoles a Cuba y de sus consecuencias en la integración de nuestro carácter. Una de la tesis que defiende es hasta donde el inmigrante puede ser un elemento de unión, de progreso, y de socialización y cuando constituye el elemento disociador y peligroso para la integración de la nacionalidad.
En su libro destaca, lo que considera como, la patria, patriotismo, nación, nacionalidad, carácter nacional, socialidad, tradición nacional, democracia, inmigración, emigración, dictadura, conciencia nacional, autonomismo, separatismo, anexionismo. Expone cada uno de estos elementos como expresión de la crisis del patriotismo que se evidencia en la República Neocolonial. Es un libro que niega toda posibilidad de rebelión contra la influencia que ejercen los Estados Unidos sobre la estructura económica y social cubana, asume el autor que alejarse de la influencia norteamericana es precisa y conveniente pero a partir de una política de selección y aprovechamiento, sin arremeter contra el imperialismo de manera violenta. Una vez más asume la política de selección que enuncia por primera vez en su libro Biología de la Democracia (1927).
Su conceptualización sobre el patriotismo, la nación y la nacionalidad y cómo influye la inmigración en todo este fenómeno, son Los aspectos que precisa y define con mayor claridad para fundamentar su concepción sobre la crisis del patriotismo.
Uno de los principales elementos que manifiesta inciden en la crisis del patriotismo de los cubanos en los años veinte de la República es que “lo imitamos todo, que es la consecuencia lógica de improvisar cuando no hay base. Imitamos en el Derecho Constitucional igual que en civil y el Código Napoleónico, incorporamos la moral divergente del paria y del esclavo, el indio y el negro”. (Lamar,1929, p. 1)
De acuerdo a su tesis, carecemos de originalidad étnica e histórica. Para Lamar en toda la historia del siglo XIX y de las primeras décadas del siglo XX, la crisis del patriotismo en Cuba radicó en la ausencia de una base, étnica fuerte, pues el mestizaje que sería la síntesis de la sociedad, si bien determinó la cristalización de un grupo de leyes, condicionó un conjunto de fenómenos tales como el caudillismo y la inarmonía de los grupos sociales dentro del estado. Para él, el mestizaje condiciona la imitación de patrones extranjeros en los aspectos económicos, políticos y sociales.
La intervención norteamericana y la dispersión estructural del pueblo nación no interrumpen el proceso de formación nacional durante las dos primeras décadas del siglo XX, pero lo sumergen en una frustración que como consecuencia del carácter no soberano de la nación recién surgida y la pérdida de confianza del pueblo cubano en sí mismo para regir su propio destino. Las clases medias que habían ejercido el liderazgo en la gesta del 95 y debían tomar las riendas del país por derecho natural, fueron desplazados del poder real para poner en su lugar a la oligarquía hispano – cubana antinacional. Es el momento más traumático de toda la historia de la cultura cubana. El escepticismo domina la conciencia cubana en las dos primeras décadas de la República Neocolonial.
La inconformidad con esta situación, alcanzó mayor expresión a partir de la década del veinte, período histórico cuyo estudio resulta complejo. Con esto, no pretendemos absolutizar la idea del polémico tema sobre “el despertar o redespertar de la conciencia nacional”, pues, es conocido que en las dos primeras décadas del siglo se dieron muestran del descontento nacional, por el establecimiento de una República con la soberanía limitada. Consideramos una limitación analizar este proceso, solo desde la perspectiva de hechos políticos o culturales.
Era evidente la debilidad estructural de la economía cubana hacia inicio de los años veinte, marcada por la estructura impuesta debido al modelo productivo que no privilegiaba la diversidad agrícola e industrial. Este esquema, mostró síntomas de agotamiento posterior al boom de la primera postguerra, lo que contribuyó al proceso de desnacionalización. Al explicar la etapa y referir el modelo económico instaurado, López Civeira (2001), expresó: “La década del 20 es el momento… cuando aparecen pues sus primeros rasgos de crisis. Al calor de ese crecimiento, el país se había modernizado y asimilaba desde sus clases dominantes los patrones del poder externo dominador”. (p. 55)
No obstante, las condicionantes sociopolíticas del período posibilitaron la radicalización del pensamiento cubano, con énfasis en la necesidad del cambio de la estructura socio-económica y política del país, en función de los intereses nacionales.
En esta etapa, la clase media cubana comienza a integrarse como clase económica, adquiriere en el plano ideológico, la capacidad de cuestionarse lo que ocurre a nivel de estado. Se convierte en centro importante del proceso de renacer de la conciencia nacional en los años veinte y treinta.
Según lo planteado anteriormente, estaba definitivamente en un estado decadente. La crisis, que por sus características golpeaba a todos los sectores poblacionales, los desmanes y el creciente entreguismo al imperialismo norteamericano; fueron creando una conciencia de clase entre los obreros y un pensamiento de oposición entre intelectuales y artistas.
“Las causas profundas de estos movimientos políticos deben encontrarse, sin dudas, en la realidad de la crisis económica desatada en el país como resultado visible de la dependencia en que la economía cubana estaba de la economía norteamericana” (Le Riverend, 1978, p. 197). Esta constante crisis evidencia las graves consecuencias que tenía la estrecha vinculación de la economía cubana con la economía norteamericana, como causa de la producción y el comercio particularmente exclusivo de azúcar. El sentimiento antiimperialista, se precisa, se define a partir de entonces y se fortalece la toma de conciencia nacional.
En materia de pensamiento, el plattismo, tiene que hacer concesiones a otras corrientes ideológicas. Desde la perspectiva conservadora, se increpa con énfasis el artículo tercero de la Enmienda Platt, aunque se realiza de una forma cautelosa, sin entrar en contradicción con la esencia de la relación neocolonial, o sea, la dependencia.
Si bien la ideología plattista cede terreno; no desaparece. Más bien, se reestructura y a la vez se ve sometida a una crítica, por parte de los sectores populares y de izquierda, que se convierten en la vanguardia del proceso político que matiza a la sociedad cubana.
En esta etapa, se dio una enconada lucha ideológica entre el pensamiento antimperialista-nacionalista y el pensamiento conservador, interesado en mantener el orden neocolonial, pero consciente de la necesidad de hacer cambios para estabilizar el sistema político burgués, erosionado por el proceso revolucionario.
A partir de 1928, con las maniobras políticas de Machado para perpetuarse en el poder, la situación de Cuba se agudiza; numerosos sectores sociales se oponen a la prórroga de poderes. La propia burguesía cubana se divide desde el punto de vista político, con respecto a la proposición machadista del cooperativismo.
La situación estructural de Cuba no permite que la salida a la crisis sea otra. “Esta toma de conciencia política e ideológica acompañada de una actividad consciente en el plano político- organizativo, es el resultado de una evolución de los sentimientos nacionales, cuya expresión original tomaría solamente la forma de un desahogo”. (Ibarra, 1995, p. 333)
La inquietud renovadora había comenzado a partir de 1923. Se piensa en transformar las diferentes expresiones de la vida político-social y cultural del país. Inicia una fecunda etapa de múltiples alcances. La cultura precisaba de una renovación y en los temas sociales que se tratan, aparecen las mujeres, los obreros y los estudiantes.
La sociedad cubana comenzó a tener un referente que emergía con soluciones nuevas y alternativas diferentes a las ofrecidas por el sistema neocolonial. Esta situación, junto a la crisis, provocó debates, recuentos y búsqueda de soluciones, fuera o dentro del sistema, pero la necesidad del cambio era inevitable.
Si bien ya se había establecido un sistema, el mismo propició por una parte el desarrollo de relaciones capitalistas y por otro lado va a profundizar en los rasgos dependientes de la economía nacional.
Al referirse en su libro sobre la Patria y el Patriotismo expone: “La patria es nación personalísima, en el que influyen todos los factores que determinan la integración mental y moral del sujeto, desde las condiciones en la lucha por la existencia hasta el influjo del medio social y desde la capacidad afectiva hasta las presiones biológicas que sobre él ejercen la herencia y la educación. Para otros la Patria es el lugar donde se nace”. (Lamar, 1929, p. 26)
Asume que el concepto Patria contiene elementos subjetivos. Se considera que cuando nos referimos a la Patria se designa la tierra natal, a la cual la persona se siente ligado por diversidad de fenómenos culturales, históricos y sentimentales, que pueden manifestarse desde las perspectivas políticas e ideológicas. Explica la Patria como espacio físico- geográfico, determinado por la subjetividad.
“El concepto de Patria es un valor subjetivo e individual, es distinto el patriotismo, que cae en el terreno de las preocupaciones psicológicas e informa una gran parte del contenido ético colectivo en las sociedades. Lo primero surge con la personalidad sentimental del individuo. Lo segundo, no aparece hasta un grado más avanzado de evolución, simultáneamente con el sentido solidarista que conduce a la integración de la tribu”. (Lamar, 1929, p. 27)
Para él el patriotismo es entonces la manifestación superior del grupo social, la forma que expresa la mentalidad colectiva, el impulso que los une y que los lleva luchar y subsistir frente al acecho del medio que los rodea, es el elemento que sus propias necesidades. La patria es, desde ese momento, un determinado lugar en la tierra, cuya extensión y límites geográficos determina subjetivamente el individuo, aun viviendo en el grupo.
De ahí que se pueda explicar entonces las conceptualizaciones sobre Patria local y la justificación del caudillismo y regionalismo, durante el siglo XIX cubano. Pues en su concepto de patriotismo asume el sentimiento de la defensa de la zona donde vive, la necesidad de luchar por ella para preservarla de la ambición exterior su contenido político, sentimental y económico
De la misma manera explica como: “La Nación es un concepto de raíz étnica, ajena a la forma política, que es el Estado. La patria sin embargo, tiene un sentido de responsabilidad activa que no existe prácticamente fuera del deber de conservación de su contenido. Es por eso un error hacer del nacionalismo un sentimiento activo, cuando es lo contrario. Cuando entra en actividad, es ya sentir patrio”. (Lamar, 1929, p 30)
La Nación no se puede separar del Estado. Si bien la Nación es el conjunto de personas, por lo general de la misma etnia, que hablan el mismo idioma y tienen las mismas costumbres, formando de esta manera un pueblo. Se mantiene unida por las costumbres, las tradiciones, la religión, el idioma y la conciencia nacional. Los elementos como el territorio, el idioma, la religión, las costumbres y la tradición, por sí mismos, no constituyen el carácter de una nación. El elemento dominante debe ser la convicción de una vida colectiva, es cuando la población siente que constituye un organismo o un grupo, distinto de cualquier otro, con vida propia, intereses especiales y necesidades. Constituye el Estado entonces, la institución política a la que se le reconoce, la autoridad para mantener el orden, asegurar la libertad y el bienestar de las personas que forman parte de la nación. Contradice la relación y conceptualización del Estado-Nación propiamente dicho, surgió a principios del siglo XIX y alcanzó su apogeo en el curso del siglo XX. Lamar limita la relación entre la Nación y el Estado y le quita toda posibilidad al nacionalismo como corriente de pensamiento, lo muestra como algo estático, inmóvil, inactivo. El sentir patrio según su criterio supera al nacionalismo como forma de la conciencia colectiva.
Existe crisis del patriotismo en Cuba en el período pues “lo único permanente en las agrupaciones sociales es el patriotismo, por cuanto este se inicia simultáneo al espíritu de solidaridad y perdura inmutable hasta la desintegración de la sociedad. Es el todo de cohesión, que no subsiste sin él y lo convierte en un valor permanente en el espíritu de la colectividad. Por el se desenvuelven, se engrandecen y subsisten los pueblos. Cuando factores históricos poderosos y el terrible peso de las realidades económicas se conjugaron para eclipsar la nacionalidad, el patriotismo es lo primero que se reduce y se limita hasta desaparecer, siempre antes que se denuncie la definitiva crisis de la nación. El hecho de que toda decadencia nacional se inicia por un período apatriótico, es tan antiguo y está tan históricamente estudiado no merece especial ampliación”. (Lamar, 1929, p. 36)
Lleno de significados diferentes, el concepto de patriotismo varía con las épocas, los países y los autores. Es histórico en el sentido de que a través del testimonio de escritores, políticos o normas jurídicas comprobamos que se carga con intensidad de sentimientos, de ideas políticas y de exigencias de virtudes morales en los momentos en que una sociedad vive conscientemente una transformación de su marco estatal, en general coincidiendo con crisis bélicas o revolucionarias. Los conceptos, símbolos o mitos patrióticos creados durante esas etapas nutren las formulaciones con las cuales una sociedad se identifica posteriormente consigo misma, valora su historia e imagina su futuro. El verdadero patriota puede quejarse de su nación observando su errores y deficiencias, pero al mismo tiempo busca y propone los medios para poder solventarlos, pues no es correcto contemplar como el país se hunde cada día más sin que hagamos algo al respecto.
En este sentido, es entendible que se esté asumiendo el patriotismo como elementos cohesionador de la sociedad cubana de finales del veinte, Producto a la crisis económica, el nivel de vida de las masas empeoró aún más, hasta niveles infrahumanos, por la disminución de los salarios y la pérdida desmedida de empleos. Es pertinente insistir que una parte del pueblo cubano, de los obreros, el campesinado, de los hombres explotados que vivían del fruto de su trabajo y hasta los intelectuales, no habían alcanzado la madurez y la claridad ideológica que alcanzarían posteriormente. Ese atraso en la conciencia social motivó que muchos hombres puros, desinteresados y honestos engrosaran las filas de organizaciones que no eran revolucionarias, sino reformistas o ultraderechistas. Por ende, fue una etapa donde los movimientos reformistas toman auge y se establecen.
“El patriotismo es el instinto de conservación de la colectividad. En los tiempos normales se manifiesta el patriotismo en el afán colectivo por el mejoramiento de las instituciones nacionales, de las fuentes de riqueza, del aumento de poderío económico, en la superación en los lides del espíritu y en las obras del intelecto, de todo, en fin, lo que engrandece la Patria a los ojos ajenos y la hace más fuerte y más temida que es en el fondo lo que instintivamente se persigue”. (Lamar, 1929, p. 42)
El patriotismo se manifiesta por los valores que transmitimos como ciudadanos conscientes: trabajo, conducta, modales, respeto a las normas y costumbres. Es el , instinto de conservación nacional, lo que mantiene el patriotismo de la misma manera que determina sus cambios y orientaciones, lo ve como necesidad ante el peligro inmediato, no evidencia fenómenos como los culturales y sociales. En este período, a partir de 1925 y hasta 1933, el gobierno de Machado, con su política interna agudiza las contradicciones socio-clasistas en el país y se produce un ascenso del movimiento revolucionario. Por otra parte, diferentes sectores de la sociedad cubana comienzan a cuestionarse con más fuerza las relaciones de dependencia. Cada vez más, el discurso nacionalista se va entronizando de profundos argumentos antiimperialistas que dirigen el ataque ideológico contra el creciente papel del imperialismo en la economía y la política cubana.
Interpreta el fenómeno de la inmigración como elemento desintegrador de la sociedad y la nación “hasta donde el inmigrante puede ser un elemento de unión, progreso y de socialización y cuando comienza a ser perturbador, disociador y peligroso a la integración de la nacionalidad, es un problema que tiene ante sí, junto con una grave responsabilidad, la ciencia social en América”. (Lamar, 1929, p. 21)
Estos aspectos inciden de manera negativa cuando los elementos autóctonos son escasos o débiles, al condicionar un proceso de absorción de los elementos que constituyen la nacionalidad, no se puede asumir la inmigración únicamente como un fenómeno de lucha de razas, viéndolo fuera de las leyes generales de la sociología.
Para él “nuestra conciencia social ha confundido más de una vez, el inmigrante con el hombre blanco, viéndolos como una misma cosa, cuando no lo son ni histórica, ni jurídicamente”. (Lamar, 1929, p. 2)
Afirma que el fenómeno de la inmigración ha sido estudiado de manera circunstancial, sin tener en cuenta su importancia en el siglo XX. El inmigrante como individuo se suma al grupo social al que aporta energías tradiciones nacionales, preocupaciones políticas y ambiciones, es considerable como factor determinante de caracteres nacionales. Cuando se analiza el tema referido a la inmigración, se debe tener en cuanta, que el inmigrante puede constituir en una sociedad a la que quiera adaptarse, un proceso de unión, de progreso y de socialización, no obstante cuando comienza a ser perturbador, disociador y peligroso a la integración de la nacionalidad, constituye un problema y una grave responsabilidad para el Estado- Nación.
La cubanidad como concepto la manifiesta así: “La cubanidad debe ser el sentir y el pensar de todos los cubanos respecto a los problemas básicos nacionales, en una misma, sin discrepancias y sin reservas. Aquellos que piensen a la vez, a que aspiren todos por igual en bien de la patria, que tengan un mismo sentido para jóvenes y viejos, hombres y mujeres, para ricos y pobres, para analfabetos y letrados, para agricultores e industriales, eso es cubanidad. Tal unidad de ideas es lo que une a los ciudadanos, creando un esto de espíritu en la colectividad que es superior al plano de las diferencias políticas, sociales y económicas. Es la fuerza generadora del espíritu. ¿Cabe hablar en Cuba de cubanidad como no sea para denunciar la crisis que se acentúa? ¿Cuál es, actualmente, el modo de pensar del cubano? ¿Cuál la representación individual del pensar colectivo? ¿Cuáles son las ideas unánimes y generales, las que están por igual en todas las conciencias? No se presentan. Cada grupo contiene un modo de pensar, de sentir y valorar, sin posibilidad de unificación. No existe un solo punto de contacto que apoye la cubanidad”. (Lamar, 1929, p. 88)
Considera la sociedad cubana inorgánica desde la perspectiva ideológica, son una sola idea motriz estereotipada en la conciencia colectiva. De tal manera que sin o existe la cubanidad poco podía subsistir el patriotismo. Contrario a la tesis de Lamar, recordemos que en esta década fue difícil el debate ideológico que se concertó en Cuba. La situación estructural de la economía cubana no permite que la salida a la crisis sea otra. La década del veinte, matizada por una crisis económica, radicaliza la sociedad cubana e impacta en el pensamiento de la época. Influye en la profundización de la conciencia nacional y antiimperialista, que se formula en las luchas estudiantiles y obreras, apoyadas por la intelectualidad qué polemiza, al defender sus intereses frente a la dictadura de Gerardo Machado.
Surge así, una oleada de figuras significativas, que en la posterior década serán reconocidos como los jóvenes de la generación del 30, generación que haría historia. Inicia una fecunda etapa de múltiples alcances. La cultura precisaba de una renovación y en los temas sociales que se tratan, aparecen las mujeres, los obreros y los estudiantes. Las distintas manifestaciones del arte y la literatura se adentran en la indagación de la realidad nacional, desde una perspectiva más o menos lúcida, coherente, en busca de los valores propios pero al mismo tiempo, se integra una línea que se nutre esencialmente de la tradición universal.
El camino del rescate de la identidad, la vanguardia, el arte, los ritmos africanos, la lucha política, la literatura testimonial, dan la visión de la nueva sensibilidad y marcan la diferencia con respecto a los años anteriores. Esa asimilación creadora de la sustancia nacional, en su expresión más auténtica, hace distinta la gestión artística e intelectual de la época.
Se consolida Cuba Contemporánea, y se fundan otras Revistas, que pasaron a la posteridad, como la Revista Bimestre Cubano, y posteriormente la Revista de Avance, que en sus artículos analiza los problemas de la sociedad cubana, desde las consecuencias de la monoproducción, hasta la decadencia del sistema educacional, así como la necesidad de un cambio de la política y de un papel menos dependiente ante EE. UU. En esencia, los debates giraban en torno a la búsqueda de soluciones para las causas de estos problemas.
La pintura, experimentó un cambio sustancial en sus contenidos y temáticas. Las artes plásticas se levantaron como bastión de lucha, en ocasiones usando el recurso humorístico. La sociedad cubana comenzaba a tener un referente que emergía con soluciones nuevas y alternativas diferentes a las ofrecidas por el sistema neocolonial. Esta situación, junto a la crisis, provocaba debates, recuentos y búsqueda de soluciones, fuera o dentro del sistema, pero la necesidad del cambio era inevitable.
Para él en la República “hemos cancelado demasiado de prisa la revolución, cosa de la que se ha aprovechado el español para apresurarse a reconquistar la influencia perdida con el poder” (Lamar, 1929, p. 102). El español aprovechó su suerte económica, unido a la debilidad nacionalista, logró mantener en la República la situación de predominio que poseyó en la colonia. En este elemento incide, la confusión y mezcla de las clases sociales y el desplazamiento de la intelectualidad como representación del valor político.
“La República solo podía afianzarse en la breve tradición revolucionaria, puesto que nos falta tiempo para que cristalice una tradición nueva y el espíritu republicano ha claudicado con toda la secuela de males políticos a ello consecuente”. (Lamar, 1929, p. 106)
Asume que para solucionar la crisis del patriotismo, debe defender el recuerdo de la generación a la lucha por la independencia, a la dureza colonial, a la lucha de tres generaciones de cubanos, el origen político y los valores fundamentales de la historia. Pues en la misma medida que la tradición fue desvirtuada y el patriotismo precipita su crisis, los males políticos se fueron acentuando y la República debilitando su orden moral.
“Hija de una degeneración nació la República con taras hereditarias que provocaron su decadencia sin apogeo, Así nació el estado sin la nación y la población se convirtió en pueblo; es decir, cristalizó el poder antes que el ideal nacional. Y esa falta de correspondencia y esa inversión entre las causas y el efecto, explican la incertidumbre republicana maliciosamente aprovechada por las corrientes de la disolución”. (Lamar, 1929, p. 110)
Asume una vez más las tesis del Socialdarwismo, expuestas en su libro Biología de la Democracia. Donde aplica leyes biológicas a la sociedad, justificaba en su libro el establecimiento de dictaduras y la incapacidad, por razones biológicas, de lograr un sistema democrático, en América Latina y Cuba. Percibe la vida social a partir de la lucha de unos contra otros por la supervivencia, de y la sobrevivencia del más fuerte, del más capacitado Es una negación a las ideas que sustentaron las revoluciones burguesas de igualdad, libertad, fraternidad. Pero se trata también de plantear la inviabilidad de la democracia en los países latinoamericanos y por consiguiente, la defensa de las tiranías como una necesitad histórica o sociológica determinada por leyes biológicas que no pueden cambiar. Se entienden las razones de la reacción de la izquierda que criticó el libro, al darse cuenta lo que este significaba para el apoyo de la continuidad de la dictadura de Machado. Lamar, como crítico del tipo de democracia instituida con el nacimiento de la República Neocolonial, cree que la fórmula propuesta por él podría resolver los problemas. Reconoce que se hace necesario un cambio a partir de nuevas soluciones; acaso la respuesta está en la aplicación del socialdarwinismo, que aplica las leyes biológicas a la sociedad y puede conducir a posturas políticas reaccionarias como esta: la negación de la democracia.
Esta postura es afín con el pensamiento de una burguesía que ya no necesita de las masas populares para instalarse en el poder y se esfuerza por cerrarle el paso a fuerzas populares de izquierda que pugnan por un espacio político más amplio. En Cuba, es una formulación teórica que justifica la dictadura y comulga con lo más reaccionario y conservador de la burguesía dependiente.
“Desaparecida la presión colonial y entibiada la tradición revolucionaria, falto al cubano el punto de concurrencia unánime que no podía desviarse hacia otros sitios por la ausencia de la frontera. Nuestra crisis de sentimiento patriótico se sintetiza y simplifica teniendo en cuenta los factores que han intervenido en la precipitación de la nacionalidad: corrientes hispanizantes, ausencia de raza autóctona con sentido territorial, inmigración del capital de una sola fuente y ausencia de responsabilidad en la conservación del territorio”. (Lamar, 1929, p. 183)
En Lamar, las ideas irracionalistas conducen a la exaltación de una raza de superhombre, pues manifiesta que en Cuba no existe una raza autóctona, pensando en una política con bases biológicas a partir de la limpieza social. El mestizaje ha provocado un hibridismo degenerado donde la igualdad es imposible por razones biológicas Es indiscutible la influencia de la teoría del superhombre y la superioridad de las razas de Nietzsche, del socialdarwinismo que justifica la diferenciación de los grupos sociales por la prevalencia del más fuerte. Refleja en el trasfondo, la crisis estructural e institucional cubana del periodo. Pone en tela de juicio las capacidades de las masas populares, debido al mestizaje.
Lamar asume el período como crisis del Patriotismo. El sentimiento de frustración nacional había permanecido en las tres primeras décadas Repúblicas. No obstante, en los años veinte el sistema político acentúa su dinámica corrupta y puntualmente democrática. Esto condiciona que el sector intelectual buscara una alternativa para abrirse a la modernidad del siglo XX. Enuncia todo un replanteo teórico sobre lo cubano, el futuro nacional y el orden establecido. La corriente nacional- reformista que domina en el período, asume una posición más radical. El agotamiento del positivismo facilita el reacomodo de la cultura filosófica cubana sobre un pensamiento idealista.
CONCLUSIONES
En la Cuba las concepciones de Lamar tienen implicaciones en el campo de la antropología, de la filosofía y de la política. Los contenidos teóricos del debate expresaban el proceso de transición de una concepción antropológica biologizante hacia una antropología social y cultural. En lo filosófico se evidenciaban las dos vertientes en que se bifurcaban la superación del positivismo por el irracionalismo en la cultura cubana: una conservadora que le daba continuidad, bajo evidente influencia de Nietzchse, al socialdarwinismo; y otra progresista que daba el salto hacia concepciones sociológicas y culturales, que defendían los valores y derechos del hombre. En lo político, significaba la puja de las distintas fuerzas sociales por imponer una de las dos alternativas de regímenes políticos que se vislumbraban en el panorama cubano: la dictadura y la democracia. Lamar acababa siendo un ideólogo de la oligarquía.
De hecho, Alberto Lamar Schweyer realmente se opuso a los Estados Unidos al verlos como principales responsables de la caída de Machado, mientras mantuvo una relación cultural con Europa, sobre todo Francia. Él compartió con la Izquierda la defensa de latinoamericano y la independencia política, aunque en una perspectiva anti-democrática y elitista. Lamar elaboró una teoría como alternativa frente al naturalismo y el academicismo y lo hizo desde una fuerte base filosófica. Arte y filosofía quedan engarzados en una unidad indisoluble. Eso lo hace un precursor del movimiento vanguardista en Cuba (Lamar, 1934).
El totalitarismo y la democracia son confrontadas por Lamar. Defiende la monarquía moderada en el contexto europeo. Explica su extensión en la defensa del espíritu nacionalista latinoamericano, que desemboca en la defensa de la dictadura en América Latina, a partir de la inestabilidad cultural para la democracia. Tesis sustentadas en sus libros Biología de la democracia y La crisis del patriotismo (Lamar, 1922, 1927).
Lamar asume el período como crisis del Patriotismo. El sentimiento de frustración nacional había permanecido en las tres primeras décadas republicanas. No obstante, en los años veinte el sistema político acentúa su dinámica corrupta y puntualmente democrática. Esto condiciona que el sector intelectual buscara una alternativa para abrirse a la modernidad del siglo XX. Enuncia todo un replanteo teórico sobre lo cubano, el futuro nacional y el orden establecido. La corriente nacional- reformista que domina en el período, asume una posición más radical.
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